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¡¿Qué me dices?!

Que no nos digan que parir duele ni cómo hacerlo. Que no nos mientan diciéndonos que se crían solos. Que no nos desanimen contándonos lo duro que es. Que las ojeras unan corazones y las noches en vela traiga el silencio más nutritivo. Que al vacío al que uno se arroja al convertirse en padre y/o madre le salgan alas. Que nos creamos portadores del amor que ha de cambiar el mundo. Que, para ello, nos malacostumbremos con abrazos y compañía a demanda. Que los días pasan volando y los años supersónicos. Que las madres desterremos a la culpa y enterremos el disfraz de "Superwoman". Que nos atrevamos a mirar a los niños de frente y vivir de su mano el presente. Que no nos digan qué es lo mejor para nosotros ni nuestros hijos. Que dejemos vivir la vida y la vivamos como el mayor de los milagros...tal y como hicimos en aquel tiempo, en el que fuimos niños asombrosos y asombrados.

Bipolaridad materna

De día zombi, de noche noctámbula. De día puesto de avituallamiento, de noche cuna ergonómica. De día malabarista entre dos cuerdas flojas, de noche vigilanta de sueños ajenos. De día loca paranoide, de noche paranoia sostenida. De día maruja de rulo en pelo, de noche marajá de peinados imposibles. De día sherpa porteadora, de noche almohada almidonada. De día médico sin fronteras, de noche servicio de urgencias. De día temo la noche, de noche espero el día.
Sin embargo, llegados a este punto... día y noche, noche y día se me antojan tan idénticos, que ya no distingo ni lo que hace un momento escribía.

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PURA VIDA

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Han sido 9 meses de silecio y vacío, de luces y de sombras, de grandes certezas y profundas ignorancias, pero...nada importa, lo que es o no es, porque la vida sigue abriéndose camino y el tiempo vuela libre, a pesar de todo y de nada. Y he ahí el milagro, quizás en este mundo de locura, la mayor de las corduras sea esa: exponerse a la vida y dejarse hacer, a pesar de nosotros mismos, nuestras prisas, nuestra búsqueda de control eterna, de planes marcados y de grandes esperanzas.

El cielo de Madrid

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Cuando el reloj matutino parece engullir segundos y minutos en la rutina de la prisa que se debate entre legañas y desayunos frenéticos...

...más allá del velux...

...¡el mundo se detiene y se hace la magia!


La familia crece

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Aún recuerdo aquella serie con cariño, que nos dio a conocer a un Kirk Cameron, que mi hermana mayor desnudaba con la mirada en la Súper Pop. ¡Aquellos maravillosos años! en los que el salitre mecía nuestras inquietudes infantiles en aquel pueblo pesquero y blanco como la nieve del norte, bien conocida y poco añorada. Ahora el mar queda lejos y Kirk Cameron también, pero los sueños infantiles los tengo más presentes que nunca. Sin duda, juego con ventaja, la presencia de una niña de tres años ayuda y mucho. 

¡Ya es NAVIDAD!

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Esta época del año siempre la he vivido con toda su magia y alegría. Es cierto que ha cambiado mucho los escenarios y figurantes, pero aún mantengo esa emoción del momento, con la que volvíamos tarumba a mi abuela imitando a los niños de San Ildefonso o montábamos el árbol  cantando villancicos sin botón de OFF.
Este año la fierecilla ya tiene casi tres años y se nota, se siente la magia en el ambiente.

La palabra en silencio

Silencio. Hubo momentos en el que hice del ruido mi mejor compañero de viaje: tele 24h ON, música pinchada en vena, hilo de conversación sin final de carrete. Silencio. Hay momentos que el ruido dentro es mayor que el de fuera: culpa, autoexigencias, miedo. Silencio . Sin embargo, se hace necesario aceptar lo que existe fuera y dentro para vivir la vida sin sobrevivirla.
¡Gracias, Ane, por enseñarme cada día a ver lo invisible y compartir silencios!